(Konrad Adenauer, nieto del canciller alemán, y Corinna Franz, directora de la casa-museo Adenauer)
(Konrad Adenauer, nieto del canciller alemán, y Corinna Franz, directora de la casa-museo Adenauer)



Regina, Ioanna y yo nos colamos entre los jóvenes que charlaron el pasado viernes con Hillary Clinton en una de las salas de la Eurocámara. Queríamos hablarle de nuestro proyecto del British Council, el TN2020, como una iniciativa concreta para fomentar el diálogo entre las dos orillas del Atlántico.
El German Marshall Fund acaba de publicar su estudio sobre la opinión pública en Estados Unidos y en doce países europeos, entre ellos España (aquí con la colaboración de la Fundación BBVA). Lo elaboran cada año para saber cómo nos vemos a ambos lados del Atlántico, y en qué podemos trabajar unidos.
Había estudiantes de los 27 países de la UE, de los 12 del llamado Proceso de Barcelona, además de Albania y Mauritania, invitados a este encuentro en el Año del Diálogo Intercultural que celebran las instituciones europeas. Pero el objetivo es continuar con este tipo de intercambios y actividades para que los jóvenes se conozcan, entablen amistad y dejen a un lado los prejuicios con los que inevitablemente crecemos en nuestras sociedades.
Escuchando estos días las noticias sobre el Congo me he acordado de una película que me impresionó, "Diamante de sangre". Revuelve el estómago, pero eso es lo que están viviendo millones de personas en África. Hace un par de años me comentaba Plácido Micó -líder de la oposición guineana y secretario general de la Convergencia para la Democracia- que para un país africano descubrir un yacimiento de cualquier material precioso se convierte en una maldición. En su caso ha sido el petróleo. En Sierra Leona eran los diamantes.

Comenzó por recordar a los eurodiputados su responsabilidad, no sólo ante la ciudadanía europea, sino hacia todos los pueblos. "Sueño, como todos los latinoamericanos, con que vuestro ejemplo sea contagioso y que también nosotros, en la unión de nuestros pueblos, podamos un día reunirnos en un Parlamento de América Latina, a imagen del vuestro, para encontrar en el diálogo y el respeto las claves de un destino común que queremos grande y generoso para nuestro continente".
Agradeció al hemiciclo su esfuerzo por lograr su liberación, el apoyo a su familia durante el cautiverio y confesó que seguía sus debates en la radio que sus captores le dejaban escuchar. Pero también recordó, leyendo sus nombres, a quienes siguen cautivos, y animó a los políticos a ser más valientes: "Si pudiéramos comprender la dimensión exacta del efecto de nuestras palabras, quizás entonces seríamos más atrevidos, más audaces, más exigentes en nuestra reflexión para aliviar el sufrimiento de quienes necesitan de nuestro combate. Las víctimas de lo arbitrario conocen lo que se dice aquí hoy, asumen el peso de su sufrimiento y dan un sentido a su lucha".
"Ustedes -les decía a los eurodiputados- siempre han recordado sus nombres y la situación de cada uno. Ustedes han impedido que sus verdugos se atrincheraran en el olvido de sus crímenes. Ustedes no han aceptado que disfrazaran de doctrina, de ideología o de religión el horror al que someten a sus víctimas".